«Mi tenue disculpa se escribe así: recopilar textos propios es acaso soberbio, pero también melancólico. Mira uno viejas fotos de su alma y siente muchas veces esa mezcla de ternura e indignación que producen las antiguas piruetas, ya desechadas por la desconfiada madurez». Alejandro Dolina
sábado, 14 de diciembre de 2019
Milagros Pinchas
miércoles, 30 de noviembre de 2016
Leyenda de la Patagonia - Cuento de Sebastián Sánchez
viernes, 27 de noviembre de 2015
lunes, 16 de noviembre de 2015
Hincha privilegiado
- “Traspasa lo que nunca imaginaste, pero deja los pies sobre la tierra”. Marcelo Berbel.
Nada de todo esto fue tan importante como ir de visitante y que otros hinchas me digan "loco, gracias a tu página me siento cerca del club", eso es tan impagable como tener un placard lleno de ropa regalada por jugadores de mi equipo, árbitros, y hasta rivales.
sábado, 5 de septiembre de 2015
El arlequín
Viejo Smoking (2014).viernes, 4 de septiembre de 2015
Once burros
Autor: Cristian Garófalo.Ediciones Corregidor (2014).
miércoles, 22 de julio de 2015
"La pasión por Cipo le sacude el alma"
Nota a pedido del diario Río Negro, publicada en media página de la edición de papel del 25 de julio de 2015. http://www.rionegro.com.ar/diario/la-pasion-por-cipo-le-sacude-el-alma-7830531-9522-nota.aspx. En el diario fue levemente recortada seguramente por espacio, aquí la versión completa.
sábado, 4 de julio de 2015
No era tan fácil
martes, 31 de marzo de 2015
Besos en la camiseta
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| La alegría de convertir ayuda siempre. Negri y Lamolla tienen llegada al gol permenantemente. Foto: LM Cipolletti. |
lunes, 5 de enero de 2015
Puro fútbol
martes, 30 de diciembre de 2014
Cuentos del fútbol Chacarero
Autor: Mario Figueroa.
El barrio de Cipolletti a flor de piel en los cuentos de Mario Figueroa, a quien tuve la suerte de tener de profesor en Teorías de la Comunicación y Semiología.viernes, 19 de diciembre de 2014
"Soy de Cipolletti"
A pedido del Diario Río Negro, que la publicó en su edición on line http://www.rionegro.com.ar/diario/soy-de-cipolletti-5485210-9522-nota.aspx.
viernes, 12 de diciembre de 2014
Lola es un sano ejemplo a seguir de humildad, trabajo y talento
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| El entrenador García y la nadadora Cantera. |
jueves, 13 de noviembre de 2014
Cipo en el espejo naranja
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| Fernando Fernández enmudeció a La Visera el 7 de septiembre y torció la historia. Nada sería igual en la campaña de Cipolletti. Foto Cipo Pasión. |
viernes, 17 de octubre de 2014
Carta a Marcos Lamolla
Te equivocaste feo, es cierto. Perjudicaste a tu club con tu imprudencia. Pero no perjudicaste a Deportivo Roca como quieren hacerle creer a la gente. Al naranja lo perjudicaron sus jugadores tanto como vos a y tus compañeros al albinegro.
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| Si esta foto hablara no habría tanto absurdo opinando sin saber. |
Vos, Marcos Lamolla, no tendrías que estar preso por pegarle una patada en la cabeza a Nicolás Alegría hasta dejarlo inconsciente. Vos no impediste que a tu compañero inconsciente lo atiendan y se lo lleven en ambulancia. Vos no tiraste piedras de la tribuna hasta herir a un auxiliar de Cipolletti en el festejo del gol de Negri. Vos no tiraste pirotecnia adentro del estadio durante todo el partido. Y te digo más, vos no merecías la segunda amarilla por el sólo hecho de ser cobardemente agredido por Fernández.
Te calentaste, se te salió la cadena. ¿Somos todos santos? ¿Nunca le pasó a nadie? ¿Quién tira la primera piedra? ¿Fernando Fernández tira la primera piedra? Pretenden santificarlo y en La Visera generó el único disturbio al besarse el escudo de Roca reiteradas veces frente a los hinchas de Cipolletti, en lugar de dedicarse a festejar su legítimo triunfo con sus compañeros.
Vos Lamolla te equivocaste, pero el partido no se suspendió sólo por vos. Que no se hagan los distraídos, que se hagan cargo como te hiciste cargo vos de tu parte. El partido se suspendió por la actitud delincuente de todos los de verde y de naranja que pegaron piñas y patadas a mansalva sin medir las posibles consecuencias irreparables de sus actos. Incitaron a la violencia de la gente. Los mismos que te usan como chivo expiatorio para exculparse de su actitud violenta que verdaderamente merece meses de suspensión.
Como bien dijo Landeiro, que se hagan cargo todos los jugadores del bochorno. No se hagan los tontos y dejen de señalar a uno solo, porque los culpables de la vergüenza nacional y la destrucción del fútbol regional fueron todos los que participaron en la gresca por igual.
Y los hinchas que con justa razón levantan la bandera del Indio Solari Gil por su liderazgo, por sus huevos, por jugar por la camiseta, le dedicaron tantas veces y aún hoy rememoran el mítico "¡Y pegue Indio pegue!", sean coherentes con su pensamiento y dejen en paz a Lamolla.
No sos un ángel Lamolla, pero tampoco sos un demonio. Sos simplemente una excelente persona. No por el fútbol, sino por las cosas verdaderamente importantes de la vida.
martes, 23 de septiembre de 2014
El brujo enano albinegro
- Kevin Guajardo es el jugador desequilibrante que le da esperanzas al hincha de Cipolletti.
De Estudiantes precisamente llegó Kevin Guajardo a Cipolletti. Había jugado con Auzqui, Rulli, y el roquense Gil Romero entre otros que llegaron a primera. Cuando ya estaba arriba del tren, jugando en cuarta y reserva de un club de primera división, a Kevin lo bajaron, le dijeron que no había mas lugar en la pensión para jugadores del interior.
Tuvo problemas en Maronese al regresar a su Neuquén natal. Apuntó a Cipolletti mientras jugaba de mala gana en el club donde hizo las formativas, y trabajaba de heladero para mantener a su familia.
Un día apareció un señor, tal vez pariente, tal vez amigo del jugador, a una de las primeras reuniones de la flamante subcomsión de fútbol que encabezaba Rafael Chemi, que ya le estaba armando el equipo a Rogger Morales para el Argentino A en junio de 2012. El señor dejó un currículum y ofreció libre a Kevin Guajardo, "jugó en Maronese y Estudiantes de La Plata", agradeció y se fue. Sólo un par de dirigentes repitieron el apellido y afirmaron que les sonaba, seguramente por alguna información de Charly Quintana o de algún apartado en un diario.
Le tomaron una prueba como a todos los jugadores que llegan por ese camino, y lo fichó Henry Homann para la primera local. Al 'Ruso' lo convenció la velocidad y la picardía de Guajardo, no así su estado físico de ese momento. Por esto último Kevin se desvive agradeciendo al 'Ruso' al confiar en su puesta a punto. Le cumplió. Con el correr de las fechas fue titular, metió goles, de a varios por partido, y levantó vuelo futbolístico en Liga Confluencia al ritmo inverso de la decadente campaña de Cipo en el Argentino A.
Debutó en primera en San Luis en marzo de 2013, de la mano de Homann y Frutos, técnicos interinos de la transición de Morales a Perilli. Para el Argentino A 2013/2014, se ubicó como cuarto delantero detrás de Urbano, Alecha y Weisser. En la quinta fecha ya era titular, y jugador mas desequilibrante del albinegro. A fin de año era el primero en la consideración, por sobre los tres delanteros históricos.
Cipolletti se puso como objetivo ascender en la reestructuración del fútbol argentino. En la delantera trajo a Prudencio y Chavarri. Ambos fueron titulares en el amistoso formal contra Villa Mitre, donde el albinegro mostró la primera alerta de cara al Federal A. Jugó mal y perdió, como anticipo de la ilusión de ascenso fácil que se estaba por derrumbar.
En ese partido señalamos a un jugador que le cambió la cara al equipo, Kevin Guajardo entró a 20 minutos del final, y fue la carta de explosión y sorpresa que le dio vértigo al ataque. Respecto de la competencia interna, un referente ya se había mostrado confiado, reafirmando algo que hace muchos años marcamos en Cipo Pasión: siempre traen jugadores, y terminan jugando los del club.
Alternó de volante por izquierda, por derecha, y tercer punta en el debut contra Independiente de su ciudad. Los partidos se sucedieron con resultados nefastos, ni el mas pesimista hincha de Cipolletti imaginó al equipo último cómodo a un mes y medio del ascenso directo.
Ya con Sialle en el mando, Cipolletti sorprendió con una mejoría interesante en el campo de juego ante C.A.I. que alivió a muchos hinchas pese a no plasmarla en la suma de tres unidades. Lo que no sorprendió fue la figura del equipo y autor del primer gol.
Cipolletti lejos de está de acudir a las brujerías o a la religión para solucionar un presente funesto. Kevin Guajardo no es brujo, pero mide 1,65 m, es rápido, encarador y picante. Es la carta de fútbol y atrevimiento que le demuestra a los hinchas que nada esta perdido.
sábado, 12 de julio de 2014
Los periodistas argentinos son campeones mundiales
Muchos periodistas aclararon con la muerte de Sole que el Mundial como fiesta se les terminó, que están en Brasil solo laburando. Todavía no había pasado lo del "Topo".
Estos periodistas, tantas veces castigados por quienes no evalúan lo duro de una profesión sin horarios, sin feriados, sin descanso, no solo no pudieron parar de laburar para acompañar a un amigo al que le pasó lo peor que le puede pasar en la vida, ni para llorar a otro que hasta horas atrás era un compañero y un amigazo; tuvieron que reemplazarlos.
Estos tipos son campeones mundiales, ¡y ojo! buena memoria, que cuente a la hora de criticar a uno de estos genios del oficio.
domingo, 1 de junio de 2014
'Pikachu' es un maestro
Llegó a la primera local y ganó cuatro títulos en primera división en forma consecutiva, con unos planteles formidables que la gente iba a ver para comprobar si metían mas o menos de 4 goles. El descenso albinegro lo vivió desde Cutral Co donde fue cedido a préstamo, y en Alianza salió subcampeón del Torneo Argentino B.
Al año siguiente llegó su consagración profesional en Cipolletti, como titular del equipo que le dio el ascenso al albinegro al Torneo Argentino A. 'Pikachu' acompañó al ídolo Oscar Padua en la delantera hasta el partido final, consolidando una base con Ruiz, Cid, Carrasco, Figueroa, Ibáñez, Dómini, Prieto, que se habían forjado junto a él en las consecutivas vueltas olímpicas.
Ganó el Torneo Apertura 2009 del Argentino A con la misma base albinegra, y tras la eliminación de Paraná de 2010 fue víctima del recambio de jugadores que puso fin a una era de pelear el ascenso y ganar en todas partes.
Fue a Racing de Córdoba, y pegó la vuelta a la Patagonia cuando el club corría serios riesgos de descender nuevamente, y económicamente no tenía recursos para enfrentar el torneo. Compartiendo la delantera con Henry Sáez, salvó a Cipolletti de un descenso anunciado con un equipo que reunía las características principales de 'Pikachu', mucha garra y pasión por la camiseta.
Hoy Bruno Weisser integra el privilegiado top five de goleadores históricos de Cipolletti junto a Pablo Parra, Oscar Padua, Henry Homann y Germán Alecha. Siempre le trajeron delanteros y siempre terminó jugando. La gente lo quiere porque pone garra, porque es humilde, porque es cipoleño y 100% albinegro, porque estuvo en las buenas, en las malas y en las peores... porque es un maestro.
domingo, 11 de agosto de 2013
20 de marzo de 1994 - Cuento de Sebastián Sánchez
Leído en el programa Qué Grande, en Radio Comunitaria Quimunche.
Mi papá me tenía agarrado firme, muy fuerte me tenía de la mano, mientras yo me sentía extraño pisando suelo rionegrino. Esa escena nunca se me fue de la cabeza, y la recuerdo cada vez que entro a Cipolletti en el Ko Ko o en el Pehuenche por 25 de mayo. Pero mejor empiezo por el principio.
El nono cumplía 79 años. Había reunión familiar. No estaban los vecinos que siempre estaban en casa, los de enfrente, el de la esquina, el de al lado, que era nuestra familia en la calle como pasaba en esas épocas. Estaba la familia que colmaba la casa en cada cumpleaños.
Todos los domingos familiares había alguna noticia, al menos en mí, que ocupaba mi cabeza por encima de cualquier otra cosa que pasara en esa casa y afuera. Ese domingo el asunto era que Alvarado de Mar del Plata (primera vez que sentía nombrar a ese equipo) tenía jugadores que habían jugado en la primera de Boca entre sus filas, y a la tarde visitaba a Cipolletti.
Demasiadas cosas para mi cabeza de diez años de edad. Que lindo sería verlos, ¿pero cómo sería? Casi seguro que la respuesta a si podíamos ir a ver a Alvarado era un "no" rotundo. Con toda la gente en casa, y en el cumple del nono. Una lástima.
Pero fue un "sí". Y nos dijeron que le preguntemos al nono si quería ir. Y para mi sorpresa el nono descartó su impostergable siesta diaria para ir con nosotros a Cipolletti.
Mientras nos preparábamos para salir nos interceptaron dos de la familia de afuera, del barrio, asombrados porque íbamos a hacer algo que no hacíamos nunca, como ir a una cancha a ver un partido regional en lugar de escuchar los partidos de Buenos Aires que tanta letra nos daban para hablar en la semana. Tal vez suponían una cancha de tierra y sin gente. Llegué a escuchar a mi hermano decir "yo voy a ir a ver a Alvarado, no a Cipolletti" con tono burlón. Pensé lo mismo. Pero esta claro que no teníamos ni idea de lo que iba a pasarnos ese día.
Ya arriba del auto no sabía si nos esperaba un viaje de quince minutos o de una hora. Pero estaba claro que no menos de quince minutos. Apenas comenzó el viaje mi hermano preguntó "¿a qué tribuna vamos a ir?". La respuesta de mi papá fue automática y definitiva, con voz imponente y orgullosa, sin margen para debate o cuestionamientos: "¡A la de Cipolletti!".
El resto del viaje me imaginé como sería la cancha de Cipolletti. La vi de tres bandejas, y con gente entre esa inalcanzable tercera bandeja y el cielo valletano. Claro, un par de años atrás había visto desde esa perspectiva inconmensurable las canchas de Boca y River.
"Cuando era niño y conocí La Visera" como dice una bandera, no me decepcioné por las dimensiones de las tribunas. No tuve tiempo. Admiraba a tanta gente hincha de Cipolletti que con tanto sentimiento esperaba la salida del único equipo de nuestra región. Así lo creía yo. Que hasta entonces pensaba que todo el país era de Boca o de River, y que algunos eran de Racing, Independiente o San Lorenzo, y pará de contar. Como en la escuela.
Cuando reaccioné, el partido ya se estaba jugando. Y el comentario era el "10" de Cipolletti. Al que todos seguían. El director de la orquesta que cuando levantó los brazos para que la gente aliente logró que el estadio se venga abajo, y que el "Cipoleee Cipoleee" se escuche hasta mi casa frente a las bardas del área Centro Oeste de Neuquén. Eso parecía desde la cancha.
No recuerdo mucho del partido en el primer tiempo, tal vez fue secundario. Inspeccioné detalles propios de ver de cerca a los jugadores jugando al fútbol, no como en la televisión o en la tercera bandeja de La Bombonera, desde donde no había visto tanto.
Miraba mucho a los perros que tenía la policía atrás del arco, que seguían las jugadas con la mirada y ladraban a los jugadores, por supuesto bien sujetados por la policía. Hasta que mi papá me hizo concentrar en el partido con un simple: "¿Qué viniste a ver vos, los perros o el partido?".
Pero detrás de ese arco pasaba algo, había unos treinta hinchas de Alvarado. Y tiraron piedras para la popular colmada de Cipolletti. A alguien le pegaron seguro, la popular estaba llena y los piedrazos (grandes) acertaron a la popular. Ni a mi, ni a mi hermano, ni a mi papá, ni a mi abuelo, pero a la popular. Y nos insultaban desencajados. El odio y la violencia de esa gente despejó cualquier duda o posibilidad contraria. A esa altura ya estaba convencido: quería que gane Cipolletti. Si alguien a mi alrededor dudaba de mi fidelidad al equipo de la tribuna que habitaba (imposible, pero suponiendo), cuando Cipolletti metió el primer gol pudo despejar sus dudas.
Del primer tiempo sólo me acuerdo eso. Y que mi abuelo se perdió una volada hermosa del arquero de Cipolletti porque todos se paraban en las jugadas de peligro, y el ya con sus 79 años no podía estar parándose y sentándose a cada minuto.
Del segundo tiempo recuerdo todo desde que entró un suplente, el segundo jugador que se incorporaba a mi vida de alguna manera. Perilli estaba jugando de titular y todos hablaban de él, era imposible no distinguirlo con la diez y los pelos desordenados bordeando su calvicie. Ya no dirigía sólo con sus manos la orquesta blanca y negra de once jugadores y miles de personas, también lo hacía con los pies.
El segundo jugador fue Pablo Parra, que entró cuando ya habían pasado varios minutos del segundo tiempo. La primera impresión fue pésima. Le tiraron una pelota larga y en vez de correrla se quedó parado reclamándole enérgicamente a quien lo asistió que se la tire al pie. La gente se lo quería comer. Y yo comencé a entender que a los hinchas de Cipolletti le gustan los jugadores que no dan una pelota por perdida.
Pero con Pablo Parra tampoco teníamos idea (y nadie podía llegar a suponer), lo que estaba por pasar. Probó pegarle desde lejos como en el barrio, frente a las bardas del alto neuquino, cuando sabíamos que quedaba poco para terminar de jugar, y de cualquier manera y en cualquier posición rematábamos para poder meter un gol antes de irnos. Pero Pablo Parra evidentemente sabía lo que estaba haciendo, y la tercera que probó la metió desde la mitad de la cancha en un gol perfecto. Golazo, maravilloso y todos los adjetivos que quieran ponerle los amantes del fútbol. Lo sigo mirando y sigue siendo un gol perfecto.
Recibió la pelota en la mitad de la cancha, apenas miró el arco de reojo, no la paró, la esperó y le pegó de primera. La pelota salió para arriba y empezó a bajar al mismo tiempo que el arquero de Alvarado empezó a retroceder. Más bajaba la pelota, más se desesperaba el arquero. El arquero saltó con toda su fuerza pero fue mayor la furia con la que bajó la pelota, que picó en la línea y frenó en la red para quedar en la historia de un gol eterno. No puedo describir al estadio tras ese gol. Sólo puedo cerrar los ojos, recordarlo, erizar la piel, y abrir los ojos más húmedos que cuando los cerré. Para ponerle palabras concretas a lo inexplicable están los maestros de la literatura, y yo claramente no lo soy.
Que lindo domingo, festejando un 2 a 0 en una cancha de verdad, no en la radio a 1200 km. como solíamos hacerlo, pero faltaba mas. Porque en el último minuto Parra se hizo un hueco entre dos defensores, quedó frente al arquero, y la tiró por arriba del travesaño. Eso me pareció cuando me di vuelta lamentándome por perdernos (si, perdernos) el tercer gol. Pero cuando yo estaba de espaldas y la gente estalló en otro grito estremecedor, entendí que la pelota salida del talento de esa pierna derecha, mágicamente había bajado por detrás del arquero para que esas miles de almas cipoleñas ovacionen de pie a Pablo Parra. Talento, magia, trato de ponerle palabras pero no puedo. Sólo puedo suspirar para poder seguir escribiendo.
La gente cantaba "Ya ya lo ve, y ya lo ve, a Passarella que lo mira por TV". Ahí me enteré por los comentarios de los que estaban alrededor, que había estado un año a préstamo en River pero no lo compraron ni renovaron el préstamo.
Nos fuimos. Todos contentos, yo asombrado y maravillado. Era un domingo distinto. No tenía por qué suponer que así iban a ser casi todos mis domingos durante muchos años por venir. Pero al recordar las sensaciones de ese día, entiendo por qué esos años fueron, son y serán así.
Cuando volvíamos en el auto a Neuquén, escuchamos la repetición del relato de los goles de Néstor Francisco Radivoy. Y nos reímos cuando gritó que el gol de Pablo Parra "es para ser tapa de El Gráfico". Pero tenía razón.
Ese 20 de marzo de 1994, juro que en ningún momento busqué con la mirada ni pregunté por los jugadores esos que habían jugado en Boca y estaban jugando en Alvarado. Nunca me acordé, en mi cabeza pasaban demasiadas cosas como para caer en algo tan básico.
Ese día conocí un nuevo mundo y me cautivó, como me sigue cautivando hoy. Pero hoy ya siento esa cancha como mi segunda casa. Y seguí a ese equipo por más de quince ciudades en puntos del país que jamás pensé que conocería.
No conozco a dos jugadores, conozco todo lo que es y rodea al club. Cambió la cancha. Ya no tiene ese olor a césped natural y esos pozos característicos de equipo del interior, sobre todo del sur. Ahora es mas verde que la de Boca y River porque el piso es sintético. No tiene la tribuna desde donde nos tiraron piedras y a la que increíblemente pensábamos ir. La popular a la que fui todavía no tenía una placa recordando a Tito Hevia y Ñato Salinas, seguramente los tenía ahí, en los tablones alentando a Cipolletti.
Miento si digo que en se momento mi vida cambió, tenía apenas diez años como para decidir de mi vida. Sólo un par de años después le volvimos a pedir a mi papá que nos lleve a la cancha. Porque Cipolletti le iba a ganar a Juventud Antoniana y no nos queríamos perder el ascenso al Nacional B de ese club del que no nos habíamos hecho hinchas, pero se había ganado nuestro respeto y admiración.
El casi seguro "si", esta vez fue un "no". Mi papá le agregó algo de profecía a su determinación: "No, porque si Cipolleti pierde se va armar quilombo", y compensó prometiendo que todos iríamos a festejar a Cipolletti cuando logre el ascenso. Algo que nunca ocurrió. Lo del festejo, el ascenso se dio por invitación. El marco del partido contra Alvarado era común en Cipolletti en cualquier fecha, pero cambió tras esa vergonzosa final con los salteños, y sólo se repitió en finales muy salteadas.
Mi abuelo ya tiene 98 años y ni pensar de ir a una cancha, mi primera vez fue su última vez, aunque él siga fielmente al "pincha" de La Plata partido a partido como en la era amateur. Antes en la cancha, hoy en la comodidad de su departamento y la televisión.
Pero hay algo que nunca cambió, quizás lo único: mi papá nunca me soltó la mano. Y tampoco puedo explicar con palabras mis sensaciones cuando lo pienso y lo recuerdo. Suspiro de nuevo, y mejor termino de escribir.
Libro: La pasión de Cipo Tomo I (2023).
lunes, 25 de febrero de 2013
Aviones en el cielo
Autor: Eduardo Sacheri.Editorial: El Gráfico Ediciones.









