domingo, 31 de julio de 2011

El Flaco

Autor: José Pablo Feinmann.
Editorial Planeta (2011).

Que los opositores lo tilden de kirchnerista, y que algunos kirchneristas lo acusen de traidor, demuestra un compromiso del filósofo con sus propias convicciones que maduraron durante más de cuatro décadas de incuestionable experiencia en militancia política.

Un presidente desconocido del sur que llegó a la Casa Rosada con el porcentaje mas bajo de la historia de las elecciones presidenciales, vulnerable a todos los poderes económicos y oscuros que hasta le presentaron un pliego de condiciones y le pronosticaron un año de duración, buscó desplegar su vuelo a partir de negociaciones políticas, acuerdos sindicales, y una plataforma ideológica que buscó reforzar rodeándose de grandes valores de la filosofía y la cultura.

Desde ese círculo íntimo, José Pablo Feinmann repasa uno a uno sus "diálogos irreverentes con Néstor Kirchner", con pormenorizados detalles de los encuentros, pequeñas situaciones que explican la evolución del matrimonio presidencial, el análisis filosófico de la realidad del país en aquellos años y de las ideas del peronismo, las diferencias con el naciente kirchnerismo; y hasta la ruptura de la relación directa del autor como fuente de consulta del Presidente. La negativa a formar parte activa del gobierno. Los últimos mails que cruzaron. Y el último encuentro.

Ni oficialista ni opositor, El Flaco ayuda a entender la realidad del cambio de la Argentina desde 2003 en adelante, desde la intimidad del Presidente hasta las conclusiones filosóficas de una forma de gobierno ratificada años después por la mitad de los argentinos.

jueves, 7 de julio de 2011

A la Abuela Chola

Desde que tengo memoria, 7 u 8 años, era horrible dormir con los pies fríos. Ella me tejía una especie de botitas de tela que no recuerdo cómo las llamaba ella. A mí y a mis hermanos, estimo que también a mis primos. ¡Cuánto alivio en los polares fríos de Neuquén dormir con esa especie de escarpines para grandes!. Se rompían fácil, por lo menos a mí, que los usaba hasta para jugar con la pelota de goma tal como lo hace el hoy el Tomy. A los 8 años hasta un par de ojotas son botines profesionales. Los míos eran de Maradona, los del Tomy son de Messi. Por eso no me duraban nada, pero ella me volvía a tejer otros además un poco menos chicos que los anteriores.

El cine hoy es una de mis pasiones, me refiero al cine en su esplendor, a ir a ver una película a un cine. Incluso fue uno de mis mejores refugios en mis años más oscuros. Si la película es nacional mejor, si el cine no tiene cultura yanqui mejor. El que más me gusta es el Cine Teatro Español, fue el primer cine que conocí ¿será casualidad? Lo conocí cuando mi abuela me llevó a ver Las Aventuras de Chatrán, y años después Jurassic Park. En la fila ella me convenció que yo era grande y valiente y no me iba a asustar la película. No sólo no me asustó, aprendí de memoria las tres películas de la saga porque me fascinaron. También comparto con el Tomy la alucinación por las películas y todo lo que tenga que ver con dinosaurios.

Cuando iba a la primaria, una vez a la semana iba a almorzar a su casa, me iba a buscar a la escuela justo los días que tenía plástica, y le mostraba las cosas que hacía en esa materia que odiaba. Jamás me llevé bien con las acuarelas, las pinturas, las tijeras, ni siquiera servía para colorear los libros que me regalaban. Era un mamarracho. Me hubiese gustado mostrarle trabajos dignos de ser exhibidos pero nunca me llevé bien con las manualidades. Después tenía que sacarme el guardapolvo, lavarme las manos, y cumplir con la misión imposible de terminar un plato de fideos, en ese momento me parecía que mi abuela había cocinado para todo el edificio pero había puesto todo en el plato para que lo coma yo. Las caras mías que habrá tenido que soportar, sobre todo cuando me sorprendió con un mondongo.

Después mirábamos tele, siempre me encantó acostarme en su cama, años después y a escondidas de ella jugaríamos con Jere a dar vueltas al carnero en la cama. A veces nos quedaba tiempo para jugar a las cartas, previa cátedra de hombría: “Mirá que yo no te voy a dejar ganar como tus abuelos, así que si perdés ¡a no llorar!”.

Hasta que me acompañaba a la parada de colectivo y me hacía acordar unas ocho veces por minuto que me asegure que el Cono Sur 105 se dirija al Fonavi y no a La Sirena. Hasta que el colectivo no doblaba en Antártida Argentina ella no se movía de la parada. Siempre pensé qué haría si el colectivo seguía por Avenida Argentina para ir al barrio La Sirena. Ni ella ni mis padres tenían teléfono fijo, y mucho menos yo un celular. Pero igual le servía para irse tranquila.

Reconozco algo. Al día de hoy me duele ir a la peluquería, me da vergüenza, no se cómo explicar el corte que quiero porque no se nada del asunto. Hasta la adolescencia la que me cortó el pelo fue ella. Mi solución es salomónica. Me rapo y vuelvo al suplicio de la peluquería en tres meses. Me parece no correspondido ir a una peluquería existiendo ella, pero fue ella la que dimitió con grandeza, reconociendo que ya no tenía fuerza ni pulso para hacerlo.

Esta es mi historia, y ese amor que ella me profesó no lo dividió, lo multiplicó por cuatro hijos, diez nietos, y siete bisnietos. Mas la pena sin nombre de perder a un nieto en un accidente absurdo. Ella se repuso a todo, y me emociona comprobar que sus bisnietos la aman como la amaba yo a su edad. Nueve décadas de amor son demasiadas, qué más podemos pedirle si hasta no dio la posibilidad de festejar su cumpleaños número 90 en familia. Tuve la oportunidad de presentarle al amor de mi vida.

Hacé lo que quieras y cuando quieras abuela, te sobra paz para hacerlo. Nunca te vas a ir, aunque suene a una frase hecha yo la puedo fundamentar. Cuando mi hermana me abrace y me de besos le voy a pedir que “no me vuelva maricón”. Cuando jugando con el Tomy me pregunte algo que me haga acordar a vos, te voy a evocar con alegría. Y cada noche de mi vida me voy a asegurar de tener los pies calentitos.

Sebastián Sánchez.

domingo, 3 de julio de 2011

Me criaron kirchnerista

Nací en 1983, Bignone era Presidente de la Nación y Kirchner un militante que soñaba ser intendente de Rio Gallegos. Me crie escuchando que Evita era una yegua, por no decir malas palabras, porque le repartía cosas a los pobres pero con la plata de otros.

Me enseñaron que la empresa Mu Mu quebró porque la obligaron a donar caramelos a los pobres y no se los pagaron. Aprendí que la Revolución Libertadora armó una comisión para investigar los fondos de la Fundación Eva Perón. Ni caramelos Mu Mu, ni ninguna empresa denunció en el gobierno de facto ni en la comisión investigadora haber sido presionados para donar, ni víctimas de impuestos impagables. Los militares que cometieron las mismas atrocidades que le atribuían al gobierno peronista, pero con más gravedad, con gusto hubiesen recibido esas denuncias que nunca llegaron, ni siquiera con Perón exiliado y prohibido.

Los libros me enseñaron que esas empresas nacionales eran lo que eran gracias a la política de industria nacional del peronismo, subsidios incluidos. Nadie me había explicado que los militares desde el 30 hasta el 43 habían hecho pactos absurdos y entreguistas a los ingleses que destruyeron la industria nacional. Y lo defendieron al extremo de querer asesinar a Lisandro de la Torre en el mismísimo Senado, por señalar lo vergonzoso que era para nuestro país someterse al imperio británico.

La puta oligarquía, acá no me sale un sinónimo más suave que 'puta', impuso su ley a beneficio propio y contra la mayoría popular que había votado a Yrigoyen, pero lo derrocaron porque lo votaron los humildes que encima pretendían derechos.

Me enseñaron que Yrigoyen era un genio, un Presidente humilde, y que Perón era un dictador nazi. Los libros no dicen lo contrario, pero ahí aprendí que los yrigoyenistas votaron a Perón en 1945 porque la UCR ya estaba contaminada de conservadurismo militar, y por eso los mismos milicos ya habían dejado que el partido ahora centenario retorne a las elecciones, aunque fraudulentas en un principio.

“Perón era nazi”. Tardé mucho en aprender que los mejores nazis se los repartieron entre los yanquis y los rusos, que esas mentes brillantes incluso permitieron que el hombre llegue a la luna si es que realmente esto sucedió. Que Perón pudo traer a los nazis que pudo. Y nadie me quiso explicar que los símbolos nazis más nefastos como la discriminación sistemática, las torturas, y los campos de concentración (en su defecto Centros Clandestinos de Detención) fueron importados a nuestro país por los milicos que derrocaron a Perón, y no por el peronismo.

Me enseñaron que Perón era un miserable, y ojo que los libros no me enseñan otra cosa. Pero me enseñaron a criticar a Perón por armar su poder a partir de la clase humilde trabajadora, por darle comida y derechos a los desposeídos, por ese afán demagógico de otorgar los mismos derechos a los pobres que a los ricos, en toda la historia los miserables jamás perdonaron esas políticas tan audaces. “Los negritos aparecieron en el centro” me dijeron. En resumen, me enseñaron a odiar a Perón por lo que hizo bien, y no por lo que hizo mal: como volver viejo y enfermo con un aparato represor de las ideas revolucionarias que indefectiblemente lo sucedería en el poder.

Me enseñaron, y estoy leyendo, comprobando, que durante la dictadura se vivía con miedo. Lo dudé cuando me dijeron, mirando la noticia de un asesinato, que “ahora se quejan de los militares pero con los militares no pasaban estas cosas”. Me enseñaron que Alfonsín fue un genio porque instauró la democracia y enjuició a los militares. Después estudié que 1180 represores y torturadores fueron liberados por las miserables leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Menem apenas terminó con el laburito unos años después.

Me enseñaron que Menem era el mafioso más grande de la historia argentina, y que no le podían hacer nada porque la Corte Suprema había sido reformada para darle inmunidad. Quebraron empresas. Arrasaron privatizando. Eso y la convertibilidad estaban mal porque destruían la industria nacional. Se aniquilaba la educación pública. Y todo estaba barato pero más del 20% de mis compatriotas no tenía trabajo. Los libros me enseñaron que a ese mafioso Alfonsín le permitió ser reelecto en 1995. Yo tenía 12 años pero no me lo explicaron, me vine a enterar tantos años después.

En la facultad de periodismo estudié que el Grupo Clarín dominaba todo, incluso los pensamientos de la gente. Estudié el papel estelar de Clarín en la caída de De La Rúa, un presidente brillante que se la pasó dos años diciendo que no sabía cómo solucionar los problemas de la década menemista, simplemente porque “le gustó ese modelo corrupto que pese a todo funcionaba”, según reconoció su vicepresidente Álvarez. En ese ensayo con mis compañeros expusimos que era imposible disolver el Grupo Clarín porque a todos los políticos de turno les convenía alinearse con el mismo, o con otros multimedios paralelos. “Nadie resiste cinco tapas de Clarín” aprendimos. Y De La Rúa era un claro ejemplo.

Se necesitaba una revolución, la Alianza la prometió y no la hizo. En el 2003 asumió Néstor Kirchner con el 22% de los votos y el 27% de desocupación. “Vengo de una generación diezmada” reconoció en su asunción, “voy a gobernar aprendiendo no sólo de los errores ajenos sino también de los propios” prometió.

Y cumplió. El kirchnerismo modificó la Corte Suprema. Anuló las leyes de protección a los torturadores. Le declaró la guerra al Grupo Clarín al extremo de separar el poder político del poder económico por primera vez en la historia argentina. Estatizó Aguas Argentinas, Aerolíneas Argentinas, Correo Argentino, terminó con el curro clarinista-menemista de las AFJP. En el 2007 asumió Cristina Fernández con el 45% de los votos , el 8% de desocupación, y 364 tapas en contra de Clarín por año porque el 1 de mayo no sale el diario.

De chiquito me explicaron que con Alfonsín había inflación pero los sueldos también subían, que incluso así se pudo construir el techo que me albergaba. Como ahora, que mi sueldo sube tres veces por año, hay construcciones por todos lados, y también hay inflación. Veinte años después quieren hacerme creer que eso está mal. Lo siento, me educaron de otra manera, yo no cambié.

El kirchnerismo no es perfecto, el país no está impecable, pero dejen de criticar al kirchnerismo por las cosas que hizo bien, no cometan el mismo error que con Perón e Yrigoyen. Nunca me enseñaron a respetar la voluntad popular y proponer con criterio para sumar, sino a criticar con furia para restar.

Veinte años y medio después de mi nacimiento, Néstor Kirchner asumió su cargo de Comandante en Jefe e hizo bajar el cuadro de Bignone de la Escuela Militar. Convirtió en Museo de la Memoria el principal campo de concentración de la dictadura más sangrienta de nuestra historia, que a través de leyes, pasividad o simple omisión, pretendieron hacer olvidar Alfonsín, Menem, De La Rúa y Duhalde.

Sin libros y sin facultad, yo solito, aprendí que el odio siempre es derrotado por el amor. Y yo tengo amor porque me inculcaron ser buena persona, y me enseñaron a defender el amor que uno profesa. Nadie nace kirchnerista, pero a mí sin querer me enseñaron a ser kirchnerista, y aprendí a respetar y defender al kirchnerismo.

Sebastián Sánchez.
 

viernes, 1 de julio de 2011

Al Nono y Kika

Ellos me enseñaron a sonreír. Jugando a las cartas, contándome chistes, anécdotas, mitos, mintiéndome diciendo que Belgrano invento la bandera mirando al cielo, y al día de hoy prefiero creerlo para que ellos no estén equivocados.

Ellos se dejaron ganar y se divirtieron dejándome ganar a cuanto juego de cartas o de mesa fue necesario "para que no llore" como, escondido, los escuchaba confesar sonriendo. Ellos son los momentos inolvidables, tardes completas, noches que dormí en su departamento, esperar los viernes para salir temprano de la escuela e ir a pasar la tarde con ellos. Y hasta el año y medio de vecinos en el que les habrá dolido que los visite sólo una vez, porque nadie les quiso decir: “Entendelo, Sebastián está enfermo, tiene problemas de salud difíciles”, y lo bien que hicieron porque les hubiese dolido más que a mi.

Igual en mi recuerdo y en el de ellos quedarán los momentos lindos, como la primera vez que fui a ver a Cipo, que hoy es mi gran pasión. El Nono cumplía 79 años y fue la última vez que fue a la cancha. Justo él, que toda su vida siguió con toda su pasión a Estudiantes de La Plata. Que hace emocionar a cuanto pincha se le cruce relatándole el gol del Nolo Ferreyra, emocionando al interlocutor que lo mira incrédulo cuando le dice “yo estaba en la cancha” y sigue contando los detalles que no están en los libros pese a que ese gol hasta es cuento corto del maestro Eduardo Galeano.

Y sin rencores ni odio porque sus hermosos corazones no lo permiten. Así como cada uno se confiesa radical de toda la vida pero hoy “votaría a Cristina si pudiera, porque me gusta la presidenta”, los dos lamentan hoy el descenso de su enemigo Gimnasia “porque es de La Plata”.

Sin embargo nunca me voy a olvidar el “querido, escuchamos el partido de Cipo con La Plata, ¿sabes quien queríamos que gane? ¡Cipo mi amor! ¡Por ustedes!”. Tampoco olvidaré jamás cuando volvía de la cancha y Andrea me contaba que tras cada gol de Cipo, el Nono pegado a la radio cerraba los puños y gritaba “¡Leonardo y Sebastián! ¡Leonardo y Sebastián!”.

Nosotros se lo pudimos devolver regalándoles la camiseta del pincha firmada por Luciano Galletti, con dedicatoria y todo, tuvimos mucha suerte en conseguir la reliquia hay que confesarlo. Hoy la tienen en un cuadro que le muestran con orgullo a todos los que entran a su departamento. ¿Y saben qué? Señalan que dice “para Arnaldo con cariño, Galletti”, pero los ojos les brillan más cuando dicen “me la regalaron los chicos”.

Por eso mi hermana Andrea, fanática de Boca, y yo, queríamos que Estudiantes le gane a Boca la final del Apertura 2006. Para que el Nono lo vea campeón una vez más. Si hago memoria creo que hasta recuerdo que lo empujé a Pavone para que salte un poco más que el arquero de Boca, y mi hermana lo sostuvo de la cintura a Bobadilla, y todos acompañamos ese interminable camino de la pelota hacia la alegría grandiosa de mis abuelos, que con el puño cerrado gritaban “¡y dale pincha dale!” frente a un televisor tan viejo como los anteriores milagros pincharratas.

Después vino la Copa Libertadores del 2009 con vuelta olímpica en Brasil, y la consagración nacional otra vez en el Apertura 2010. Cuánta alegría sentir y saber que Estudiantes es el mejor, que mis abuelos son los mejores de todos, que nadie es superior a ellos. Aunque ellos no se acuerden. Aunque la memoria prodigiosa del Nono a largo plazo lo haga evocar una y otra vez al Pincha tricampeón de América y único equipo en salir campeón del Mundo en el mítico Old Trafford ante el Manchester United. Esa memoria prodigiosa ahora es inversamente proporcional a su memoria a corto plazo, que le impide hablar del equipo de Sabella que le cambió el tri por el tetracampeón de América y dos campeonatos más en Primera división. Pero aunque ellos no lo sepan ni se acuerden, todos sabemos que son los mejores, tanto ellos como su querido Estudiantes. ¿Cómo no voy a querer a Juan Sebastián Verón si les dio tanto? Y ellos que todas las tardes me contaban algo lindo de su papá Juan Ramón.

Tal vez por eso mi rencor eterno a Lío Messi, que es un buen pibe, impecable jugador, pero le impidió a mis abuelos ser los mejores del mundo. El no lo sabe y le importa tanto como cantar el himno, pero nunca se lo voy a perdonar. Juega en uno de los mejores equipos de la historia del fútbol, el actual Barcelona, pero la mística pincharrata los hizo asustar y transpirar mucho más de la cuenta, hasta que Messi definió el título mundial para los españoles y Estudiantes volvió a La Plata con un dignísimo subcampeonato. Con la frente bien alta, ya no invencibles pero igualmente los mejores de todos, como ellos.

Entre tanto amor nos enteramos que no eran nuestra sangre. ¿A mi me lo quieren hacer creer? Ellos me enseñaron a vivir, a amar y a ser bueno. A ellos los tengo en mi sangre le guste a quien le guste. Hoy estoy acá, en el medio de la nada y escribiendo mis sentimientos en el celular. Trabajando para la petrolera más grande del país pero solo. Acá hay muchos Sánchez, a mi me dicen “del Intento” y recibo el nombre con orgullo.

Estoy haciendo el esfuerzo lejos de todos ya no para escaparme de mis problemas, sino para ir ahorrando por el futuro que planeo con Mariana, el amor de mi vida desde hace 6 meses y para siempre. Aprendiendo de los errores propios y perdonando los errores ajenos que me llevaron a caer en mi más profunda depresión en el 2008, y con una tragedia en 2009 que no me ayudó en nada. Agradecido a personas que hice sufrir con mis problemas y me demuestran que me perdonaron. Como ellos, que no lo saben capaz, pero les falle como nieto y como vecino y me perdonaron. Ellos siempre me van a perdonar.

Hoy el Nono está viejo. Y digo hoy porque el Nono a los 79 recién cumplidos en la popular de La Visera, a los 80, a los 85, a los 90, era un pibe, pero hoy está viejo. Y no quiero explicar los síntomas que lo demuestran porque me duelen más a mi.

A mi novia no le apasiona el futbol, pero me explicó que le duele que le hablen mal de River porque siente que se lo están diciendo a su querido abuelo que ya no puede defenderse. Como en tantas cosas, ella me hizo entender algo que estaba oculto en mi. Esa camiseta de Estudiantes que me puse con orgullo desde chico no es la camiseta del club de La Plata tetracampeón de América y Campeón del Mundo. Es la camiseta del amor mutuo de mis abuelos. Ese amor que a ellos los lleva a decir con firmeza “yo soy del pincha y también quiero que gane el Cipo”. Y que a mi me lleva a defender cada vez más a Estudiantes, en la medida que ellos no pueden hacerlo por el incesante avance de su vejez.

La camiseta de mi pasión futbolera es y será solamente albinegra, como el escudo que siempre voy a tener tatuado en mi corazón. Y toda la vida me voy a poner y defender la camiseta de Estudiantes, sí, me voy a poner y defender la camiseta del amor interminable del Nono y Kika. Porque les aseguro que si hoy se cruzaran Cipolletti contra Estudiantes, ellos irían por Cipo “por Leonardo y Sebastian”. Y yo les confieso que no me dolería perder ese partido por el club de mis amores, sino porque ellos también ahí querrían dejarme ganar para que esté contento.

Sebastián Sánchez.