domingo, 3 de julio de 2011

Me criaron kirchnerista

Nací en 1983, Bignone era Presidente de la Nación y Kirchner un militante que soñaba ser intendente de Rio Gallegos. Me crie escuchando que Evita era una yegua, por no decir malas palabras, porque le repartía cosas a los pobres pero con la plata de otros.

Me enseñaron que la empresa Mu Mu quebró porque la obligaron a donar caramelos a los pobres y no se los pagaron. Aprendí que la Revolución Libertadora armó una comisión para investigar los fondos de la Fundación Eva Perón. Ni caramelos Mu Mu, ni ninguna empresa denunció en el gobierno de facto ni en la comisión investigadora haber sido presionados para donar, ni víctimas de impuestos impagables. Los militares que cometieron las mismas atrocidades que le atribuían al gobierno peronista, pero con más gravedad, con gusto hubiesen recibido esas denuncias que nunca llegaron, ni siquiera con Perón exiliado y prohibido.

Los libros me enseñaron que esas empresas nacionales eran lo que eran gracias a la política de industria nacional del peronismo, subsidios incluidos. Nadie me había explicado que los militares desde el 30 hasta el 43 habían hecho pactos absurdos y entreguistas a los ingleses que destruyeron la industria nacional. Y lo defendieron al extremo de querer asesinar a Lisandro de la Torre en el mismísimo Senado, por señalar lo vergonzoso que era para nuestro país someterse al imperio británico.

La puta oligarquía, acá no me sale un sinónimo más suave que 'puta', impuso su ley a beneficio propio y contra la mayoría popular que había votado a Yrigoyen, pero lo derrocaron porque lo votaron los humildes que encima pretendían derechos.

Me enseñaron que Yrigoyen era un genio, un Presidente humilde, y que Perón era un dictador nazi. Los libros no dicen lo contrario, pero ahí aprendí que los yrigoyenistas votaron a Perón en 1945 porque la UCR ya estaba contaminada de conservadurismo militar, y por eso los mismos milicos ya habían dejado que el partido ahora centenario retorne a las elecciones, aunque fraudulentas en un principio.

“Perón era nazi”. Tardé mucho en aprender que los mejores nazis se los repartieron entre los yanquis y los rusos, que esas mentes brillantes incluso permitieron que el hombre llegue a la luna si es que realmente esto sucedió. Que Perón pudo traer a los nazis que pudo. Y nadie me quiso explicar que los símbolos nazis más nefastos como la discriminación sistemática, las torturas, y los campos de concentración (en su defecto Centros Clandestinos de Detención) fueron importados a nuestro país por los milicos que derrocaron a Perón, y no por el peronismo.

Me enseñaron que Perón era un miserable, y ojo que los libros no me enseñan otra cosa. Pero me enseñaron a criticar a Perón por armar su poder a partir de la clase humilde trabajadora, por darle comida y derechos a los desposeídos, por ese afán demagógico de otorgar los mismos derechos a los pobres que a los ricos, en toda la historia los miserables jamás perdonaron esas políticas tan audaces. “Los negritos aparecieron en el centro” me dijeron. En resumen, me enseñaron a odiar a Perón por lo que hizo bien, y no por lo que hizo mal: como volver viejo y enfermo con un aparato represor de las ideas revolucionarias que indefectiblemente lo sucedería en el poder.

Me enseñaron, y estoy leyendo, comprobando, que durante la dictadura se vivía con miedo. Lo dudé cuando me dijeron, mirando la noticia de un asesinato, que “ahora se quejan de los militares pero con los militares no pasaban estas cosas”. Me enseñaron que Alfonsín fue un genio porque instauró la democracia y enjuició a los militares. Después estudié que 1180 represores y torturadores fueron liberados por las miserables leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Menem apenas terminó con el laburito unos años después.

Me enseñaron que Menem era el mafioso más grande de la historia argentina, y que no le podían hacer nada porque la Corte Suprema había sido reformada para darle inmunidad. Quebraron empresas. Arrasaron privatizando. Eso y la convertibilidad estaban mal porque destruían la industria nacional. Se aniquilaba la educación pública. Y todo estaba barato pero más del 20% de mis compatriotas no tenía trabajo. Los libros me enseñaron que a ese mafioso Alfonsín le permitió ser reelecto en 1995. Yo tenía 12 años pero no me lo explicaron, me vine a enterar tantos años después.

En la facultad de periodismo estudié que el Grupo Clarín dominaba todo, incluso los pensamientos de la gente. Estudié el papel estelar de Clarín en la caída de De La Rúa, un presidente brillante que se la pasó dos años diciendo que no sabía cómo solucionar los problemas de la década menemista, simplemente porque “le gustó ese modelo corrupto que pese a todo funcionaba”, según reconoció su vicepresidente Álvarez. En ese ensayo con mis compañeros expusimos que era imposible disolver el Grupo Clarín porque a todos los políticos de turno les convenía alinearse con el mismo, o con otros multimedios paralelos. “Nadie resiste cinco tapas de Clarín” aprendimos. Y De La Rúa era un claro ejemplo.

Se necesitaba una revolución, la Alianza la prometió y no la hizo. En el 2003 asumió Néstor Kirchner con el 22% de los votos y el 27% de desocupación. “Vengo de una generación diezmada” reconoció en su asunción, “voy a gobernar aprendiendo no sólo de los errores ajenos sino también de los propios” prometió.

Y cumplió. El kirchnerismo modificó la Corte Suprema. Anuló las leyes de protección a los torturadores. Le declaró la guerra al Grupo Clarín al extremo de separar el poder político del poder económico por primera vez en la historia argentina. Estatizó Aguas Argentinas, Aerolíneas Argentinas, Correo Argentino, terminó con el curro clarinista-menemista de las AFJP. En el 2007 asumió Cristina Fernández con el 45% de los votos , el 8% de desocupación, y 364 tapas en contra de Clarín por año porque el 1 de mayo no sale el diario.

De chiquito me explicaron que con Alfonsín había inflación pero los sueldos también subían, que incluso así se pudo construir el techo que me albergaba. Como ahora, que mi sueldo sube tres veces por año, hay construcciones por todos lados, y también hay inflación. Veinte años después quieren hacerme creer que eso está mal. Lo siento, me educaron de otra manera, yo no cambié.

El kirchnerismo no es perfecto, el país no está impecable, pero dejen de criticar al kirchnerismo por las cosas que hizo bien, no cometan el mismo error que con Perón e Yrigoyen. Nunca me enseñaron a respetar la voluntad popular y proponer con criterio para sumar, sino a criticar con furia para restar.

Veinte años y medio después de mi nacimiento, Néstor Kirchner asumió su cargo de Comandante en Jefe e hizo bajar el cuadro de Bignone de la Escuela Militar. Convirtió en Museo de la Memoria el principal campo de concentración de la dictadura más sangrienta de nuestra historia, que a través de leyes, pasividad o simple omisión, pretendieron hacer olvidar Alfonsín, Menem, De La Rúa y Duhalde.

Sin libros y sin facultad, yo solito, aprendí que el odio siempre es derrotado por el amor. Y yo tengo amor porque me inculcaron ser buena persona, y me enseñaron a defender el amor que uno profesa. Nadie nace kirchnerista, pero a mí sin querer me enseñaron a ser kirchnerista, y aprendí a respetar y defender al kirchnerismo.

Sebastián Sánchez.
 

1 comentario:

  1. Hola Sebastián, llegué a esta publicación a casi cuatro años de que haya sido escrita. Realmente me siento muy identificado con todo lo que escribiste. Naci 9 años después que vos, soy hijo de los noventa, solo por cuestiones de calendario y, por suerte, no de los pensamientos. Te felicito, me conmovió mucho y me hizo reflexionar sobre mi familia. Mi viejo fue a la marcha de los fiscales el otro día, mi vieja toreándome y corriéndome con esto de Nisman como si no hubiese otra posibilidad además que la del asesinato, mi hermana que repite cualquier cosa que escucha o ve en TN y canal 13, salvo con mi mejor amigo, que desde chico, vaya uno a saber porque, nos sentimos identificados con ciertas personas y ciertos pensamientos que realmente no entendíamos, pero que con el tiempo fueron los que perduraron, el resto de la gente que me rodea es anti kirchnerista, sin ningún tipo de motivo. Aparentemente los intolerantes somos nosotros, pero jamás vi que puedan justificarme algo de lo que me estaban diciendo sin caer en gritos. No logro entender el odio injustificado hacia Cristina, porque realmente hay algo muy personal con la presidenta, porque algunos llegan a decir que con Néstor está todo bien, pero con ella no, ella es una montonera, negra, grasa, etc. Me di cuenta que mientras más la odian mas lo disfruto porque jamás se van a poder sentir identificados con esto, con este proyecto nacional, no pueden tolerar la ampliación de derechos ni que se vaya acotando la brecha de la desigualdad.

    No me quería extender tanto, te mando un abrazo grande.

    Julián

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