jueves, 30 de noviembre de 2023

Los anteojos negros - Cuento de Beatriz Doumerc y Gabriel Barnes

 
Leído en el programa Qué Grande, en Radio Comunitaria Quimunche.

El gato Viruta se está lavando la cara muy tranquilo cuando lo llaman a la puerta: es su amigo Piolín que ha venido a visitarlo.

-¡Hola Piolín! -dice Viruta contento-. No sabía que fueras tan madrugador. ¡Recién son las siete de la mañana!

-Es que no pude dormir -explica Piolín-. A la planta baja de mi casa vienen muchos gatos a bailar y la música hace temblar mi cama.

-¡Vamos Piolín! -dice Viruta-. Hay que ser tolerante. ¿Qué tiene de malo que los gatos bailen y se diviertan con un poco de música?

-¡Eso no es música! -protesta Piolín-. Es solo ¡bum! ¡bum! ¡bum! Además, hay peleas en el callejón y los vecinos tiran baldes de agua a todo gato que pasa.

-No te preocupes -dice Viruta-. Si quieres, puedes dormir aquí. Este es un sitio muy tranquilo y nunca hay bochinche.

-¡Gracias amigo! -responde Piolín-. Voy a dormir todo el día de corrido.

Y sin perder un instante, se acurruca y cierra los ojos. Pero en ese momento se escucha un terrible ¡MIAUUU! y Piolín pega un salto.

¡Un maullido y otro más, a cada cual más lastimero!

Los dos amigos corren para averiguar lo que sucede, y en la carrera tropiezan con el gato Marinero, que está a punto de cazar un moscardón.

Al ver a Piolín, Marinero eriza el lomo y le dice:

-Y tu, ¿quién eres? ¿Te parece gracioso maullar de esa manera?

-¡Yo no he sido! -protesta Piolín-. Los maullidos han venido de allá.

Y con una zarpa señala la azotea vecina.

-Mi amigo Piolín tiene razón -dice Viruta, partiendo a la carrera-. Vamos a ver qué pasa.

-Espérenme -dice Marinero-. ¡Voy con ustedes!

En la azotea vecina, Campanilla y Amapola están sentadas a la sombra de la enredadera, cuchicheando.

-Hola, mininas. ¿Han oído unos maullidos por aquí? -les pregunta Viruta.

-Claro que los hemos oído. ¡Y muy fuertes! -le responden las dos.

-¿Saben de dónde venían?

-Venían de la casa de Tormenta -dice Amapola-. ¡Y no es la primera vez!

-¿Quién es Tormenta? -pregunta Piolín.

-Es el novio de la gata Canela -dice Marinero.

-Un gato pelador -agrega Viruta-. ¡Vamos a verlo!

Y, con paso decidido, los tres gatos marchan hacia la casa de Tormenta, mientras Campanilla les dice:

-Hoy es mi cumpleaños. ¡No se olviden de venir a mi fiesta!

¡Toc! ¡Toc! ¡Toc! Viruta llama a la puerta. Y aparece Tormenta, con el pelo todo mojado, secándose con una toalla.

-¿Qué quieren? -dice con cara de pocos amigos.

-Queremos preguntarte... -dice Marinero.

-¡No tengo tiempo para preguntas! -lo interrumpe Tormenta-. Me tengo que ir a la cama. Anoche estuve en un baile y al salir me tiraron un balde de agua...

-¡Un momento! -dice Viruta-. Hemos oído unos maullidos muy fuertes y dicen que venían de aquí.

-¿Maullidos?... ¡Sí, ahora me acuerdo! -dice Tormenta-. Fui yo el que maullé, porque al llegar a casa me apreté la cola con la puerta. ¡Fue terrible!

-¡Menos mal! -comenta Piolín-. Creímos que se trataba de una pelea.

-¡Yo no peleo con nadie! -dice Tormenta.

Y, sin agregar palabra, cierra de un portazo.

El día transcurre sin más sobresaltos y, a la noche, apenas sale la luna, los invitados empiezan a llegar a la fiesta de Campanilla. Pronto la azotea se llena.

Han llegado todos los gatos del barrio y charlan animadamente. Solo falta una invitada: Canela, la novia de Tormenta, no ha venido a la fiesta.

-¡Qué raro! -comenta Campanilla-. Me dijo que vendría con un collar nuevo.

-No te preocupes -le dice Amapola-. Tu atiende a los invitados, que yo voy a buscarla.

Y veloz como el viento cruza la azotea.

Al llegar a la casa de Canela, llama a la puerta: ¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!

Y cuando la puerta se abre, aparece Canela toda despeinada. Y tiene puestos unos anteojos negros.

-¿Qué haces con esos anteojos en plena noche? -le pregunta Amapola, extrañada.

-Me he caído por la escalera y me he golpeado... -responde Canela.

-Entonces -dice Amapola-, ¿eras tu la que maullabas esta mañana?

-Sí -contesta Canela-. Tengo un ojo todo negro.

-¡Qué barbaridad! -exclama Amapola-. El mes pasado te hiciste un chichón con una puerta; y el otro, te golpeaste en una pata. ¡Tiene que tener más cuidado!

Canela mira a su alrededor y dice, temblando:

-No ha sido culpa mía. No me he caído. ¡Mi novio, Tormenta, me ha pegado!

-¡Y tu no has dicho nada! -le reprocha Amapola.

-Es que tengo mucho miedo...

-Ahora no tienes nada que temer -dice Amapola, resuelta-. Vístete, que Campanilla nos está esperando.

La fiesta está muy animada. Hay torta con merengue y una gran piñata con regalos. Y mientras los gatos mayores charlan y se cuentan historias, los jóvenes no paran de bailar. Hasta que por fin llega el momento de encender las velitas, y todos rodean a Campanilla para cantarle el "Felíz Cumpleaños".

Justo en ese momento, llega Amapola con la invitada que faltaba. Y gatos y gatas abren la boca sorprendidos. Canela luce un collar precioso... ¡y lleva anteojos negros!

Todos hacen comentarios y Viruta, rascándose detrás de la oreja, dice:

-Anteojos negros de noche... ¡qué raro! Tal vez sea la última moda.

Y en ese instante, Amapola se le acerca y le dice:

-Viruta, ven conmigo. ¡Tengo que hablarte de algo muy grave!

Y los dos se apartan a un rincón de la azotea.

Allí, bajo la luz de la luna, Viruta escucha con mucha atención. Y cuando Amapola termina, tiene el lomo erizado y lanza un bufido de indignación.

-¡Lo que me has contado es muy grave! -exclama-. Tenemos que tomar medidas inmediatamente.

Con un salto decidido, trepa con agilidad a lo alto de la chimenea y pide la atención de los presentes. Gatos y gatas hacen silencio, y hasta los más jóvenes dejan de bailar. Entonces, Viruta dice:

-Queridos amigos... ha sucedido algo muy grave. Todos nos hemos preguntado por qué Canela lleva anteojos negros. Pues bien, no los lleva porque quiere, sino porque su novio, Tormenta, le ha pegado. ¡Y no es la primera vez!

Gatos y gatas erizan el lomo, muy enojados.

-¡Es algo que no podemos aceptar! Nadie le debe pegar a los más débiles. Ni a nadie.

-¡Claro que no! -responden los gatos todos a la vez-. ¡Tormenta tiene que ser bueno y portarse bien! Entre todos, lo vigilaremos.

-Y cuando pase una cosa así -dice Viruta-, sea entre gatos grandes o pequeños, hay que buscar ayuda y no quedarse en silencio.

-Viruta tiene razón -dicen los gatos-. ¡Esas son cosas que no pueden volver a pasar!

Entonces, la fiesta de Campanilla recomienza, con su torta y su piñata, y los jóvenes que vuelven a bailar bajo la luz de la luna. Todos están muy contentos. Especialmente Canela. Ya no tiene nada que temer y volverá a lucir sus ojos tan bonitos.

¡Y nunca más... llevará anteojos negros!

Libro: Los anteojos negros.

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