viernes, 1 de diciembre de 2023

Hecha de la noche / Mujer que viste - Poemas de María Irene Palacios

 
Leído en el programa Qué Grande, en Radio Comunitaria Quimunche.

Hecha de la noche

Las agrietadas ciudades
Esconden ennegrecidas sombras,
Obsoletas,
Perturban la inocencia invernal,
Acaracolada en aquella niña invernal,
Pequeña, Que se posa dulcemente,
Entre aduraznados abrazos,
Cobijada en la seguridad inquebrantable
De la rocosa figura paternal...

Suave brisa que, baila con ella,
La abraza mientras camina,
El calor del hogar
Comienza a escapar de sus sentidos,
Y el resguardo definitivo
Se divisa en la frontera
Remarcada por el fragor de un frío inquietante,
Que sube hasta su cabeza,
No hay temor, se deja llevar.

Transcurre la oscuridad, inerte,
Apelmazando el caminar lento de la niña,
Que la absorbe, la toma,
Mientras el bullicioso tronar del viento,
Alcoholizado por la ciudad,
Acaece sobre los gritos acuosos,
Que son callados... que son ahogados...
No había nadie allí.

Días apretados de angustia
Sobrellevan discordia y negación
Mientras los hilos de luz
desdibujan una figura desordenada,
Ataviada de hojarasca y maltratada mirada
Dolida por el gélido aire otoñal
que perturba las calles
Cada vez más pútridas, cada vez más fétidas.

La han poseído los monigotes de la noche,
La han despojado del olor a madre,
Desterrándola de Micenas
Le han robado las aureolas de su juventud
Envejeciéndole el alma, anudando su garganta.
La búsqueda se desvanece aletargadamente,
Bajo el manto de esperanza
Disipada en el atisbo de los años.
Y la casa se desnuda, sólo el viento se posa en ella,
Rasgando cada recuerdo, herido de muerte,
Derramando su líquido vital, indeclinablemente...

Nunca el velo de su mudez apareció.

Mujer que viste

Esa imaginación utópica
Fraguada entre los cristales rotos del espejo,
Donde se pierde esa faz infinita, dulce erotismo
De tus curvas carnales
Entremezcladas con los aterciopelados duraznos
De rus senos, cuan pequeños brotes de los manzanares
Que se yerguen en el horizonte.

Y viste en ti, esa sinfonía de movimientos
Cuan pechos bamboleantes, amasados entre tantas manos
Redondeados y tersos, ajados y mal gastados
Y un cordón cadenoso que sucumbe
En un flujo turbulento, espiralado y sin descanso.

En el pecho cercenado
Cuan músculo interno desprovisto de alma
Ya no sientes la alborada.
Mujer que doblegada por la inocencia del universo
Te pierdes en la noche póstuma a tu destierro.

Es el desengaño y el miedo, vestiduras raídas por el viento
Tamizados en esa voz angulosa, profunda...
Que te penetra incesantemente...
Cuan estambre que expolia
Tu epitelial sonrisa de niña perdida.
Y no deja que llores
Tus manos heridas de hambre
Cuan Venus Encina enmudecida
Arrojada al celaje corrompido
Por un celoso relámpago, que encarnece la llaga
Te ha borrado el olvido...
Y el invierno en prosa, te posee lentamente...
Ya no vistes valletales acuosos
Y perales maduros en tu palida tez.

Te han robado hasta la nostalgia de tus besos jóvenes,
La melancolía de tus pasiones viejas, te has rasgado la vida
Gota a gota, se han perdido tus años
Cuan vertiente ardiente de deseos muertos
Desnuda te has encontrado...

Libro: Inexorable (2020).

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